Conversar con los muertos
Otro encantador episodio de "cuando Black Mirror nos alcance"

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En un poema de 1929, Borges dijo que “la muerte es vida vivida / la vida es muerte que viene”. Como siempre, la lógica borgiana es implacable, aunque hay que redondearla con la fascinante idea de que el olvido es la verdadera muerte. “No hay en la tierra una sola cosa que el olvido no borre o que la memoria no altere”, dijo en su relato de 1960, El otro. Yo creo que Borges era un curioso de los espectáculos que nos aguardan en lo que en inglés llaman el afterlife; si bien no era creyente, se trataba de un agnóstico que se permitía decir que en e mundo “todas las cosas son posibles, incluso Dios”, donde lo más fantástico podía ser real.
A la muerte le sigue el olvido y, quizás, el paso a una nueva vida, un nuevo mundo, the Great Unknown. Nadie lo sabe realmente. Pero parafraseando a Borges: todo es posible.
2
Zenón de Citio, el fundador del estoicismo, era un hombre joven cuando recibió un consejo críptico del Oráculo1: “Para vivir la mejor vida, deberías tener conversaciones con los muertos”. No se trataba de una invitación al espiritismo o a pasear entre tumbas en Halloween, sino de algo mucho más potente y cotidiano: la lectura.
Es a través de los libros donde realmente hablamos con quienes ya no están. Los cuerpos de esos autores pueden ser polvo, pero en las páginas, sus mentes laten con una fuerza intacta. Leer es entablar un diálogo con uno mismo a través de las ideas de otros; es buscar luz en habitaciones que fueron habitadas hace siglos. Esta es una magia especial que nos permite reconocer nuestra propia humanidad en las emociones de alguien que vivió en un mundo radicalmente distinto al nuestro. Somos, en esencia, los hijos de la humanidad, parte de un legado que no muere mientras alguien sostenga un libro en las manos.
Esta idea de inmortalidad poética me recuerda inevitablemente a John Keating, el personaje de Robin Williams en Dead Poets Society. En una escena icónica, lleva a su grupo de estudiantes frente a las fotos de antiguos alumnos muertos. Ahí, les susurra carpe diem, cosecha el día2. Esos rostros jóvenes, ahora ceniza, nos instan a hacer que nuestra vida sea extraordinaria. El mensaje de Keating no es “vive para siempre”, sino “vive intensamente porque vas a morir”. Memento mori, pues.
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Entra 2wai, una aplicación cofundada por el actor Calum Worthy, actor de medio pelo de Disney Channel, que utiliza fragmentos de video3 de una persona para crear un “HoloAvatar”. Este avatar no solo imita la apariencia y la voz de la persona, sino que intenta replicar sus recuerdos y personalidad. Así, 2wai promete una suerte de “inmortalidad digital”.
A este episodio de la vida real de Black Mirror se suma Meta, que ha patentado una inteligencia artificial diseñada para tomar el control de cuentas de redes sociales de personas fallecidas, permitiéndoles seguir publicando y chateando. Por ejemplo, si tu madre muere, con esta tecnología podría continuar subiendo fotos, y respondiendo a mensajes y comentarios.
Lo cual es macabro, pero también futil. ¿Cuál es la necesidad de simular la vida de alguien que te amó mediante un algoritmo?
La memoria de nuestros fieles difuntos, lo que hacemos los mexicanos cada 2 de noviembre, es un acto celebratorio que acepta la ausencia. La simulación, en cambio, me suena a un intento de anular el duelo, de fingir que la muerte no ha ocurrido.
Hay algo profundamente estúpido en esta nueva tendencia. Adaptar la obra de un autor fallecido, sea Shakespeare o José Agustín, es una forma de imitación artística y de mantener vivas sus ideas. En cambio, que el perfil de Instagram de una celebridad como Britney Spears (por citar un ejemplo de vulnerabilidad mediática) siga funcionando tras su muerte suena hueco, banal y superficial. Huele a una nueva y sofisticada forma de monetización.
4
En Blade Runner, Tyrell le dice al replicante Roy Batty: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo”. Es una frase sobre la brevedad, pero también sobre el valor. La belleza y el sentido de la vida nos los otorga, precisamente, la finitud. Si eliminamos la posibilidad de un final (de ser olvidados, diría Borges), ¿qué valor tiene el trayecto?
Al final, quizá tengamos que preguntarles a los replicantes del futuro. Si algún día existe una inteligencia artificial consciente, sabedora de su propia existencia, puede que nuestros parámetros sobre la vida y la muerte le parezcan obsoletos. Tal vez para una entidad que nace de datos, la idea de imitar la vida a perpetuidad le resulte natural.
Pero para nosotros, gente de carne y hueso, el duelo es el precio que pagamos por haber amado, y la lectura, la única forma legítima de invocar a los fantasmas sin profanar su descanso.
Lee más de este tema en Dexerto.
Nos referimos al Oráculo de Delfos, el más famoso de la antigua Grecia, dedicado al dios Apolo. Después de perder toda su fortuna en un naufragio frente a las costas de Atenas, Zenón de Citio quedó devastado y buscó dirección espiritual en el Oráculo.
El verbo carpere se utilizaba en Roma para describir el acto de recoger frutas o flores en su punto exacto de madurez.
Según el material promocional bastan tres minutos.



Me deja muchas preguntas de como funciona el mundo al buscar perpetuar algo que ya no está, si bien el punto de los autores de libros viven para siempre, es precisó mencionar que no es la que buscaban en perpetuarse atraves del tiempo en sus escritos. Aunque claro que Borges al hacer mención de ello es en modo reflexivo, me parece.
Lo que es un hecho es que la muerte y la perpetuidad son temas que seguirán rondando en la existencia humana.